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Percepciones paradójicas Ramachandran, V. S. y Rogers-R., Diane

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Las paradojas, situaciones en las que una misma información puede llevarnos a dos conclusiones contradictorias, causan a la vez placer y tormento. Son fuente de interminable fascinación y frustración, tanto si su carácter es lógico («Esta afirmación es falsa», versión moderna de la paradoja de Epiménides), científico... o perceptivo. Peter Medawar, premio Nobel, dijo en cierta ocasión que estos rompecabezas provocan sobre científicos y filósofos el mismo efecto que el olor de goma quemada en los ingenieros: un ansia irresistible de averiguar la causa. Siendo los autores de este artículo neurocientíficos que estudian la percepción, nos sentimos obligados a abordar la naturaleza de las paradojas visuales.
Tomemos el caso más sencillo. Si dos o más fuentes de información distintas no son coherentes entre sí, ¿qué sucede? Lo usual es que el cerebro se incline por la que resulte estadísticamente más fiable y prescinda, sin más, de la otras. Por ejemplo, si se observa el interior de una máscara hueca a bastante distancia, la cara parecerá normal, es decir, convexa, a pesar de que nuestra visión estereoscópica indique que la máscara es, en realidad, el vaciado de una cara, es decir, cóncava. En este caso, la experiencia acumulativa de nuestro cerebro con rostros convexos se impone y veta la percepción del caso inusitado de que una cara sea hueca.


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